jueves, 7 de marzo de 2013

El bucle.

Cuando combates al miedo, no existe un alrededor cercano a ti. Tu cuerpo se desenvuelve entre la materia que lo forma y su tiempo. La materia la conoces, pues es tu armadura por defecto. Pero su tiempo es relativamente muy distinto. Quizás, si mirásemos muy hacia atrás, podríamos observar a un joven guerrero que intenta hallar su lugar en el mundo, a mediados del siglo XIV.

Éste, realizando encargos para los diferentes reyes que abundan en los muchos reinos de aquella tierra, galopa sin desistir. Cambiando su rumbo mil veces, pero sin negarse a desobedecer sus obligaciones. Y durante uno de sus viajes, algo hace que su tiempo se detenga y la materia que lo forma, pase de efímera, a eterna. Las nubes ocultando el Sol, dejan entrever los ojos casi amarillentos de una pequeña pastora de piel blanquecina. Su cuerpo era simple. Para las mujeres de aquellos tiempos, los grandes bustos eran muy abundantes, pero ella sin embargo ofrecía la mitad de lo habitual. Pero aquello no era lo que la hacía bella. Era su piel. Dicha fina capa de seda humana que la envolvía por completo como si fuese tan frágil que con el mínimo movimiento del viento, se resquebrajaría en mil pedazos. Pero aun así, ella era dura de pelar en cuanto a tareas arduas se refería. En cambio con sus sentimientos, ella era la sumisa. Él no podía dejar de observarla. Había viajado mucho por todos los reinos conocidos, y sin embargo no había encontrado a alguien tan sumamente frágil y libre a la vez. Quería desmontar su caballo, acercarse a ella y al menos, intentar conocer su nombre. Pero era aquí su dilema: si conocía algo de ella, pensaba que dicho aspecto pertenecería a su mente, en lugar de quedar libre en la incógnita que la protegía.

No podía poseer ni siquiera su aliento.
No podía tan solo conocerla.
Era tan libre, que él mismo no se perdonaría el intentar amarla.

Por eso nunca se perdonó. Porque jamás dejó de amarla.
Pero él no era el único que se había percatado de la presencia de una persona excepcional.

Recogiendo los últimos granos de trigo, el atardecer volvió a ponerse. Secando un par de gotas provenientes de su frente, lo vio de nuevo. El trote de aquél corcel  gris.
La primera vez que se sintió observada ocurrió hacía un par de días atrás, justo cuando visitó a su pequeño huerto de peonías azules surgiendo de la tierra. Cuando hubo dejado de contemplarlas, alzó la vista, y lo vio. La vio.
Se vieron.

Desde aquél instante, ni el uno ni el otro dejaron de acudir a sus obligaciones. No por responsabilidad. Tampoco por obligación. Ni si quiera por sus principios.
Solo acudían allí, con la esperanza de poder volver a verse otra vez.

Ella era solo una humilde pastora. No era muy guapa, incluso muchas de las otras que la acompañaban eran más bellas que ella. Cumplía sus cometidos porque para eso mismo había nacido.
Porque no podía ser más bella.
Porque no podía ser otra persona.
Porque no podía existir de otra manera.

De este modo, cada vez que él se quedaba allí, sentado a lomos de su caballo gris, con sus ropajes de lino y hebillas, con su cabello largo y oscuro como el azabache, observándola con sus ojos grisáceos; necesitaba sentir el roce de su rostro sobre su suave piel pálida.
Hasta que llegó el día, en que uno de los dos tuvo que dar el paso.
Y lo hicieron los dos a la vez.
Tropezaron consigo mismos, y acabaron ambos en el suelo.
No uno sobre el otro.
Sino ambos con sus rostros tan cercanos, que el sonido de sus alientos podía oírse si sus corazones no latiesen tan rápidamente. Cara a cara, los enamorados, comenzaron a coexistir. Esta vez, eran dos en uno. No era una existencia obligada para ella, ni un lugar más que el había encontrado y dominado. Sino un razón para no querer otra vida, ni dejar dicho lugar jamás.

Cuando el miedo te combate, usa tus debilidades más insólitas para destruirte. Cuando tu lo combates, cualquier vida pasada se une a la presente, y te otorga la capacidad de poder hacer frente al enemigo que trata de convertirnos en una replica suya. 

En otro miedo.

viernes, 22 de febrero de 2013

El vacío entre nuestras manos

Queremos cometer los errores que elegimos en su momento. No sabemos cuando parar, pues parecemos estar negados a ver la claridad de dicha tierra que pisamos. Oscurecemos cuanto tocamos, creyendo que su roce calmará nuestras palabras. Ninguna de las emociones surgirá de nuestros profundos mundos interiores. Las zarzas que el corazón crea para separar el mundo de nosotros, han crecido demasiado alto. Y sus flores, son el ultimo resquicio de belleza que podemos observar. Cuando conseguimos levantarnos, volvemos a caer, pero esta vez sabiendo como alzarnos de nuevo. Buscamos con esperanza encontrar algún rincón dentro de nosotros que posea ese resquicio de paz que anhela la inocencia. Sin embargo, nuestras huellas se funden con la solitaria compañera que consigue observar sin estar presente; aquella que decide cuando ha de llegar la experiencia. Decididos a no regresar al frío terreno que nos mantuvo cuerdos en los días pasados, continuamos sin rumbo fijo, parasitando el aire, golpeando la fuerza, equilibrando la furia. Hallando los restos que las plagas royeron hasta deshuesarlos. Levantando sus conciencias, apoyando sus heridas con las nuestras, hasta devolverles aquella chispa que no nos fue concedida. Procuramos no caer de nuevo, pues el recuento cada vez se agranda más, y las almas parecen aflorar donde antes tan solo se concebía el miedo y lo perdido. Mirando de nuevo atrás observamos lo que nos plantean los hados para poder avanzar. Batallas que tan solo nosotros podemos lidiar. El egocentrismo programado, la selección de la variedad, la mutilación de la realidad, la caída de lo humano. Forjamos nuestro propio camino junto a un destino que no sabe a donde llegaremos, solo conseguimos caminar mientras el terreno sea firme. Nuestros ideales aclaman a nuestra moral. Las llaves que encierran nuestras emociones, carecen de utilidad en un trayecto que se renueva. Estas soportan una presión incomparable. Y todo cuanto está demasiado presionado, estalla, arremetiendo contra todo aquello que interponga su camino. Su fuerza, no reside en un solo corazón. Cualquier emoción, es el conjunto de muchos corazones unidos entre si, mediante lazos psíquicos conectados por las acciones que derivan de nuestra cabezonería de seguir caminando sin echarnos atrás. Soñamos con poder liberar las cadenas que nos atan a este pedazo de realidad. Unas ataduras que han de transportar junto con nosotros, la carga de lo que exige la sumisión por la cobardía. Exigimos libertad, y nos encadenan a unos derechos carentes de ligereza alguna. Amordazados, persistimos en nuestro empeño por escapar hacia delante sin dilación. Perecen nuestros sueños sin poder remediar su pequeño sufrimiento. Perdidos entre nuestro mundo y la vida, martirizamos el origen de nuestra existencia, en busca de un atajo que sea imparcial con dicho espectáculo, contemplado por los mismos que nos impartieron la desesperada sumisión, en contra de lo empíricamente correcto. Hartos de proseguir, muchos desfallecen en medio de la nada, mientras unos pocos ingenuos, estrellan la idea de retirarse, contra cualquier muro construido por sus emociones, con el fin de acallar su cuerpo, con el fin de conseguir su propia existencia. Los rayos que se avecinan son del color del vacío. Nuestros dedos continúan buscando algo que poder traer hacia sí, perseverando sin cesar. La luz, sin ser concebida por la soledad, emerge de entre sus propias cenizas como un Fenix surgiendo de las llamas proclamadas por sus esperanzas de coexistir con la muerte. Rozando su fulgor con nuestras yemas, el etéreo hueco entre ambas fuerzas consume la melodía perteneciente a las gargantas del cielo. Y descendiendo entre la oscuridad y el paraíso, atravesando las arduas fauces de la tierra, el miedo corrompió toda existencia....

lunes, 20 de agosto de 2012

Yo

Bueno, he pensado que después de taaaaaantas entradas escritas con mis estúpidas reflexiones, creo que es un buen momento de contaros como soy en realidad.

Empezaré por algo sencillo, mis gustos.


Música

Rock, simplemente Rock. Para mi, el mejor estilo de música que existe en esta época. La música clásica se queda a su vera. Cuando la escucho, yo no existo. Y eso es algo que me agrada completamente. Toco la guitarra española, aunque desearía tener una eléctrica. El piano es uno de los instrumentos más influyentes en mi, y solo hay 3 varios. Entre los grandes de la música, para mi destacan: Marylin Manson (Todo un célebre del Metal), Amy Lee (La personificación de toda la belleza que existe en la música), y demás. Entre los grupos preferidos, cabe destacar a Evanescence, Avenged Sevenfold, Sum 41, Rise Against, Green Day, Nirvana, etc.


Cine

El cine es uno de los artes más fascinantes que existen, y Tim Burton es un prodigio de dicha maravilla. Sus películas son como tesoros de incalculable valor, que deberían estar expuestas en cualquier museo del mundo. Todas sus películas son mis favoritas, pero en mi opinión, las más importantes son: Eduardo Manostijeras, Sweeney Todd, Pesadilla antes de Navidad, La novia Cadaver, y su última obra, Dark Shadows.


Literatura

Libros, libros, libros everywhere xD. No, ahora enserio. Me encanta leer, pero solo BUENAS obras literarias. Los poemas de Edgar Allan Poe son magnificos, a la vez que bellos. Entre mis escritoras favoritas se encuentra la famosa Lauren Kate, autora de la Saga Oscuros; y J.R Ward, autora de obras como Angeles Caídos I: Codicia, y La Hermandad de la Daga Negra.


Y ahora viene la parte más extraordinariamente aburrida compleja: como soy yo u_u

Veamos...

No soy alguien con quien no se puede hablar directamente. Timido, si. Pero frío como el hielo. Soy extraño, no hay más. Ando de un lado para otro sin un motivo, con el corazón aun latiendo sin saber por qué. Existo, pero aun no se cual es la razón de continuar vivo. Ayudar a la gente, es para lo único que sirvo. Pero ODIO cuando hago daño a alguien que no se lo merece, por culpa de mi ego. No se como alguien tan inservible e inútil como yo, puede ayudar a las personas. Si no sirves para nada, ¿acaso vale la pena existir para dañar? A veces, cuando abres una herida en el corazón de las personas, no siempre tienes el poder para curarlas. Puedes tener una gran determinación y empeño en sanar esa herida, pero a veces, es necesario huir y ocultarte del mundo, tanto para no profanarlo, como para que el mundo no te consuma. Pero no es tan fácil huir. Tarde o temprano, tu pasado te encuentra allá donde estés. Y quieras o no, deberás rendir cuentas con él. Por eso, no entiendo por qué alguien tan asqueroso como yo, existe. Ayudo, pero nadie puede ayudarme. Es una paradoja continua...

Bueno, parece que me he ido demasiado por las ramas. Espero que os haya gustado conocerme un poco más.

De vuelta a las reflexiones del día a día. Un saludo a todos

viernes, 10 de agosto de 2012

Disturbed heart

Tregua. 18, el simbolo de este silencio pactado entre ambas naciones dentro del subconsciente.
El tiempo ha estado pasando, los segundos han gritado, las horas escuchado, y los minutos cantado. Pues el espacio que existe es cruel, pero efímero. Y allí lo ves. Desplegando el aire en su espalda, cerciorandose de cuanto existe en este lugar hinóspito. Dejando de lado sus preocupaciones, intenta escapar de su prisión. Pero no puede...

Aquellas espadas de energía arremeten contra su cuerpo definido. No puede huir, se levanta una y otra vez, pero siempre ocurre lo mismo. Cuando demuestra lo que és, lo golpean hasta que vuelve a caer. Blanco, pureza. No, en el lugar que habita, el blanco es la locura. Marcado con una camisa de fuerza, el recibe la misma tortura de cada día. Pasa el tiempo, pero allí el sol no se pone, la Luna no surge en el horizonte, el cielo no es bello. La única luz que existe es aquella que guarda en lo más profundo de sí. Incluso junto a los mortales, él es un extraño que debe ser encerrado para que no pueda hablar.

Medio día, momento del desenfreno. Abren las puertas, el único camino que conoce para poder existir. Pero no tiene fuerzas. Lo llaman medicina, pero tan solo es un veneno que no te mata. Una tortura eterna que bloquea tus pensamientos, tus ilusiones se desvanecen, tus sueños mueren con cada lagrima que tus desesperados ojos exprimen, hasta caer bajo el influjo de esas drogas inhumanas. Sádicos, que te arrastran hasta un lugar horrible, mostrandote la libertad, y arrebatandote su belleza, para que solo el corazón pueda respirar, pues tus pulmones ya no viven. Y aun así, permaneces en dicho universo. El hogar fue calcinado, tus recuerdos, simples fotos mentales que juegan con tus sentimientos, violando a tu alma día tras día, hasta que su lujúria está saciada. El corazón, late con sus huesos exteriorizados. Pobre belleza infinita, atrapada en el cuerpo de un ángel muerto.

La obra de la sociedad enseña que las desgracias de los poetas, son solo estupideces dichas, al no obtener lo que desean. Muestra que son unos simples posesivos, obsesionados con obtener lo que quieran. Que los escritores son simples cuentacuentos que intenta parecer importantes, al utilizar leyendas y sueños de amor imposibles. Y los ensayistas, unos miseros muertos, que se quejan por sus penas.

Pero que ilusos. Ellos solo creen lo que a simple vista ven. ¿No conocen los secretos que esconde una camilla en una habitación sin ventanas? ¿La soledad que se siente al convivir con uno mismo en un mero espacio de 4 metros cuadrados? ¿La verdadera belleza que existe en las mentes de aquellos que podrían haber llegado a filosofos y grandes artistas? Ellos solo conocen los numeros y el exterior.

Nunca aprenderán. Y aun así, el ángel muerto, resucita cada noche, desplegando su alma resplandeciente, e intentando escapar de aquel agujero. Pero sin exito. 

Porque ese ser dichoso, anhela el viento y su libertad, pero las personas acaban con lo que no pueden razonar.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Perhaps...


I have forgotten.
I have forgiven.
I have tried to escape.
I have seen the way I fell again and again.
I have fought against myself hundreds of times.
And now...

I'm alone.

But still, I must keep fighting. For the other.

Perhaps that's the only way I should go.

viernes, 27 de julio de 2012

Sinónimos, para un moribundo.







Llamadme inútil.
Llamadme estúpido.
Llamadme imbécil.
Llamadme capullo.
Llamadme loco.
Llamadme insociable.
Llamadme raro.
Llamadme extraño.
Llamadme huraño.
Llamadme únicamente para destrozar mis ilusiones.
Llamadme para burlaros de mi.
Llamadme friki.
Llamadme iluso.
Llamadme desecho social.
Llamadme marginado.
Llamadme pringado.

Llamadme así, y de mil formas posibles. Pues agarraré mi bote, buscaré un lugar donde tomar todo lo que él contiene, y vuestras palabras se volverán una simple brisa en mi cabeza.

Pues yo no os negaré las formas de como me denominéis. Pero tampoco permitiré que vuestras palabras arremetan contra mi corazón. No os permitiré dañarme. 

Solo el bote conoce mis secretos.

jueves, 26 de julio de 2012

Gracias olvidadas.

Vagabundo soy, no lo dudes. Mi arco a la espalda llevo, cargando con su dulce cuerda de platino y su robusta madera de roble. Alas perdí, pero solo es un recuerdo olvidado. El polvo de los ciegos resuena en el viento, viéndose acorralado por aquellos que caminan buscando un lugar al que llegar, sin un por qué, ni ningún a donde.


Allí donde un trozo de corazón ha sido olvidado, yo lo recojo. Limpio las aglomeraciones de palabras que empañan su brillo escarlata. Acaricio los bordes por donde los dientes de la desconfianza y la desdicha han arrancado dicho pedazo de su verdadero lugar. Y por último, lo cobijo en mi interior, junto a los demás trozos de corazones perdidos, con la esperanza de que encuentre alguna de sus partes perdidas.


Pero la realidad es muy dura. El mundo al que pertenezco está teñido de colores que harían retorcerse de dolor a cualquier ser humano. Los caminos ya no son verdes y mezclados con el tono polvoriento de los caminos por los que muchos antes de nosotros, transitaban personas con alegría e inocencia. Las ciudades siguen tan grises como el día que fueron levantadas. Y las personas, tan cristalinas y transparentes como el día que fueron desterradas...


Aunque, el peor color de todos. El peor, es el negro de las esperanzas que albergaban aquellos corazones que ahora yacen rotos como los cristales de un espejo destrozado. Se hallan en las aceras de las calles, siendo aplastados miles de veces, por aquellos que un día los cobijaban. Se encuentran detrás de los cubos de basura, con miedo a volver a ser golpeados; en las cañerías, buscando la oscuridad del subsuelo, mezclándose con las ratas, pues su parecido con aquellas personas que los abandonaron, es innegable; otros   enferman de dolor, vagando cerca de los hospitales, buscando el carmesí de la sangre, recordando momentos mejores, donde ese liquido procedente del rubí, incendiaba sus entrañas con el amor y la pasión, y ahora, esos corazones lloran dicho brebaje.


Finalmente, los últimos que quedan, mueren en el olvido. Sus fragmentos son tan pequeños, que se pierden en la nada. Me llaman Cupido por recoger los corazones y dispararlos con mi arco. Pero no os confundáis.
Yo soy un simple vagabundo que deambula recogiendo esos trozos negros de corazones que necesitan ayuda. Ayudo a los olvidados, y mi arco los devuelve cuando los problemas que albergan son reparados.
Camino sobre los edificios, pues en ellos también quedan pedazos rotos de esperanzas.


La tristeza que esas personas sostienen, son cambiadas cuando mis flechas les devuelven lo que yo no poseo. Esas personas son ayudadas y la alegría de sus rostros llenos de esperanzas, son algo que gozo gustoso cuando mi trabajo termina con ellas.


Pero, ayuda, ayudar, ayudados, ayudadas...


Ayudo a miles de personas, pero....


Nadie puede ayudarme a mi. Es una maldición con la que debo cargar. Pues el precio por ayudar es muy caro, y alguien debe pagarlo.


Y es mejor que lo pague alguien que no merece la pena...